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Pasándomela regio, entre el tercer y cuarto piso de la vida. Principessa por vocación.

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jueves 19 de enero de 2012

Súbase a bordo, carajo. Y dígale la verdad al país.

CAPÍTULO UNO: LIVORNO, ITALIA

La noche del viernes 13 de enero de 2012, el barco "Costa Concordia", perteneciente a la línea de cruceros Costa Cruceros, se hundía frente a la isla italiana de Giglio. 4.229 almas iban a bordo. Y mientras la enorme nave se inclinaba de costado, como una ballena moribunda sobre las aguas oscuras del mar de Liguria, miles de pasajeros aun trataban de evacuarla y salvar así sus vidas. Para entonces Francesco Schettino, el capitán del "Costa Concordia", ya había abandonado el barco en uno de los botes salvavidas, en franca violación de sus deberes como jefe de la embarcación. Ni qué decir de la causa del accidente: Error humano. El barco se había aproximado demasiado a la costa y simplemente encalló.

Hace un par de días la televisión italiana hizo pública la ahora célebre conversación entre Schettino y el comandante de la Capitanía de Puerto de Livorno, Gregorio De Falco. Ante uno de los mayores actos de cobardía en la historia de los accidentes marítimos de la era moderna, De Falco, audiblemente exasperado, le ordena una y otra vez a Schettino que vuelva al "Costa Concordia", y coordine las labores de rescate de los pasajeros. Schettino balbucea algunas excusas imperdonables, una de ellas que no hay suficiente visibilidad como para volver al barco, y entonces De Falco, ya en el paroxismo de la furia le grita:

- ¡Súbase a bordo, carajo!


CAPÍTULO DOS: CARACAS, VENEZUELA

La misma noche del 13 de enero de 2012, el Presidente Hugo Chávez le habla al Parlamento venezolano, y a la Nación entera en cadena nacional, para presentar la memoria y cuenta de su gobierno.
Durante su alocución, que duró 9 horas y 25 minutos, el Presidente hace un recuento de los grandes logros de su gestión. Intercala índices macroeconómicos fabulosos, con anécdotas personales. Asevera que en Venezuela no hay presos políticos y que la inseguridad que azota al país es culpa de todos los ciudadanos.

En un momento del acto presidencial, la diputada María Corina Machado aprovecha una alusión de Chávez a su persona para levantarse de su silla y arrebatarle el protagonismo. En apenas 2 minutos toma la palabra, invita al Presidente al debate y le dice que en las 8 horas que lleva hablando ha estado describiendo un país sin problemas, que no existe. Porque en la Venezuela actual hay escasez de alimentos, mueren 180.000 ciudadanos al año a manos del hampa, y gran parte del empresariado ha perdido sus activos a fuerza de expropiación.
María Corina Machado, en una frase que quedará para la posteridad, exhorta a Chávez a un compromiso que terminó quedándole grande esa noche:
- ¡Presidente, dígale la verdad al país!.

A veces hay tantos héroes como tragedias.


domingo 18 de diciembre de 2011

Adiós al 2011

Todos los años traen consigo una carga importante de alegrías y desventuras, y no siempre a partes iguales.

Nos levantamos cada mañana durante de estos casi 365 días que están por consumirse, agarrados de la incertidumbre con una mano y de la esperanza con la otra, tratando de abrir un regalo que a veces fue eso, y otras tantas una especie de bomba que nos detonó en la cara.

Fue así como vimos partir a seres que amamos, bien a otro mundo, o bien a un país que no es éste. Se fueron cantantes, poetas, escritores de teatro y genios de la tecnología. También se marchó gente anónima, como los miles de civiles que murieron en las revueltas de la Primavera Árabe, o los que sucumbieron a la violencia en Venezuela. Unos alzados ocuparon Wall Street, la economía europea tembló, el largo brazo de la justicia retributiva finalmente alcanzó a Bin Laden y a Cano, la ETA depuso las armas, y Amy Winehouse se tomó 3 botellas de vodka un sábado en el barrio londinense de Camdem, y luego dejó de respirar.

Y más cerca, en este patio, nos pasamos el año ocupados entre las especulaciones por la enfermedad del Presidente Chávez, las millonarias emisiones de bonos de PDVSA, las primarias, los debates de los pre candidatos, las nuevas leyes que cada vez arrinconan más al empresariado, las estadísticas de delincuencia e inflación, la nueva corona del Miss Mundo y la consulta a la bola de cristal que todo el mundo cree cargar en el bolsillo, a 10 meses de las próximas elecciones presidenciales.

Vivir en Venezuela es cada vez más un ejercicio de humildad y resistencia. Pero el mundo no es que anda bañado en miel tampoco. La clave está en vivir cada día con la esperanza de que, con el trabajo individual, la buena disposición y la solidaridad hacia el otro, podremos hacer la diferencia y mejorar el entorno.

Y dar gracias porque cerramos este año con salud y vida, rodeados del amor de nuestras familias, con fuerza para seguir batallando y con la fe puesta en un 2012 de cambios positivos para Venezuela.

Que así sea.

Feliz Navidad y un estupendo 2012.


viernes 25 de noviembre de 2011

Los hombros de América (para Benilde)

Este mes Benilde se devolvió a su segunda patria: España, la que la parió. Su primera fue Venezuela durante los últimos 56 años.

Aquí en Caracas crió y casó a su única hija, vio nacer a sus nietos, hizo buenas amistades y trabajó duro. Además, por 41 años Beni fue vecina leal y cariñosa, autora del mejor café de Colinas de Bello Monte y especie de abuela postiza de varias generaciones en mi familia, sobre todo del gran Andrés.

Poco más de medio siglo de vida en este país y su acento gallego nunca retrocedió. Se marchó de aquí sin lograr una voz caraqueña. Y ahora me pregunto si se devuelve a una España que afinará el oido y la reconocerá como hija propia.

Hace muchos años, tuve la dicha de ver la puesta en escena de "Los hombros de América", la obra de teatro de Fausto Verdial en la que retrata el drama de una pareja inmigrantes de españoles que vivían en Venezuela, renegando de este sitio, hasta que muere Franco y vuelven a España. Sólo para entender que siempre se habían sentido extranjeros en Venezuela, pero que tampoco encajaban entre los españoles, por haberse marchado mucho tiempo antes. 

Con la desgraciada vida ciudadana que tenemos los venezolanos hoy en día, gran cantidad de españoles, italianos y portugueses que ayudaron a forjar este país por décadas, han resuelto volver a sus tierras, llevándose consigo a sus hijos y a una buena parte de la historia de la Venezuela del siglo 20.

Y en medio de la tristeza que genera ver partir a los amigos de tantos años, uno se alegra que vayan de vuelta a Europa para disfrutar de seguridad, paz y todas las cosas estupendas que este gran país alguna vez les brindó. Sólo espero que allá los reciban con los brazos abiertos y que no "castiguen" con ostracismo a quienes alguna vez emigraron, huyéndole a la guerra o buscando el sol del Caribe y las arepas llaneras.

Por lo pronto, mantendremos a Beni y a su familia cerquita del corazón, del Facebook y del Skype. No saben los españoles la suerte que tienen de que ellos hayan vuelto. Si Benilde sigue siendo tan generosa como siempre, les enseñará a hacer café como Dios lo prescribe. Y quizás les revele dos verdades muy grandes que pudo compartir conmigo: Que no se llora por hombres que no valen nada. Y que los gatos son para las solteronas.

viernes 7 de octubre de 2011

Good Jobs, Steve

En homenaje al que ha sido llamado el Da Vinci moderno de la tecnología, Steve Jobs, co-fundador de Apple y fallecido esta semana a los 56 años, publicamos una traducción de su famoso discurso ante la clase de graduandos del 2005 en la Universidad de Stanford, en California.

Un gesto muy sencillo, en memoria de una persona que se fue de este mundo, habiendo logrado cambiarlo positivamente para millones de seres humanos. 

Y también un pequeño tributo a mi papá, gran fánatico de Apple, que me sentó por primera vez frente a una Mac en el año 1981.


 "Gracias. Tengo el honor de estar hoy aquí con vosotros en vuestra graduación en una de las mejores universidades del mundo. La verdad sea dicha, yo nunca me gradué.


A decir verdad, esto es lo más cerca que jamás he estado de una graduación universitaria.


Hoy os quiero contar tres historias de mi vida. Nada especial. Sólo tres historias.


La primera historia versa sobre conectar los puntos.


Dejé la Universidad de Reed tras los seis primeros meses, pero después seguí vagando por allí otros 18 meses, más o menos, antes de dejarlo del todo. Entonces, ¿por qué lo dejé?


Comenzó antes de que yo naciera.


Mi madre biológica era una estudiante joven y soltera, y decidió darme en adopción. Ella tenía muy claro que quienes me adoptaran tendrían que ser titulados universitarios, de modo que todo se preparó para que fuese adoptado al nacer por un abogado y su mujer.

Solo que cuando yo nací decidieron en el último momento que lo que de verdad querían era una niña.


Así que mis padres, que estaban en lista de espera, recibieron una llamada a medianoche preguntando:
“Tenemos un niño no esperado; ¿lo queréis?
“Por supuesto”, dijeron ellos.


Mi madre biológica se enteró de que mi madre no tenía titulación universitaria, y que mi padre ni siquiera había terminado el bachillerato, así que se negó a firmar los documentos de adopción. Sólo cedió, meses más tarde, cuando mis padres prometieron que algún día yo iría a la universidad.


Y 17 años más tarde fui a la universidad. Pero de forma descuidada elegí una universidad que era casi tan cara como Stanford, y todos los ahorros de mis padres, de clase trabajadora, los estaba gastando en mi matrícula.


Después de seis meses, no le veía propósito alguno. No tenía idea de qué quería hacer con mi vida, y menos aún de cómo la universidad me iba a ayudar a averiguarlo.


Y me estaba gastando todos los ahorros que mis padres habían conseguido a lo largo de su vida. Así que decidí dejarlo, y confiar en que las cosas saldrían bien.


En su momento me dio miedo, pero en retrospectiva fue una de las mejores decisiones que nunca haya tomado.


En el momento en que lo dejé, ya no fui más a las clases obligatorias que no me interesaban y comencé a meterme en las que parecían interesantes. No era idílico. No tenía dormitorio, así que dormía en el suelo de las habitaciones de mis amigos, devolvía botellas de Coca Cola por los 5 céntimos del envase para conseguir dinero para comer, y caminaba más de 10 Km los domingos por la noche para comer bien una vez por semana en el templo de los Hare Krishna.


Me encantaba.


Y muchas cosas con las que me fui topando al seguir mi curiosidad e intuición resultaron no tener precio más adelante.

Os daré un ejemplo.


En aquella época la Universidad de Reed ofrecía la que quizá fuese la mejor formación en caligrafía del país. En todas partes del campus, todos los póster, todas las etiquetas de todos los cajones, estaban bellamente caligrafiadas a mano.


Como ya no estaba matriculado y no tenía clases obligatorias, decidí atender al curso de caligrafía para aprender cómo se hacía.


Aprendí cosas sobre el serif y tipografías sans serif, sobre los espacios variables entre letras, sobre qué hace realmente grande a una gran tipografía.


Era sutilmente bello, histórica y artísticamente, de una forma que la ciencia no puede capturar, y lo encontré fascinante. Nada de esto tenía ni la más mínima esperanza de aplicación práctica en mi vida. Pero diez años más tarde, cuando estábamos diseñando el primer ordenador Macintosh, todo eso volvió a mí.


Y diseñamos el Mac con eso en su esencia. Fue el primer ordenador con tipografías bellas. Si nunca me hubiera dejado caer por aquél curso concreto en la universidad, el Mac jamás habría tenido múltiples tipografías, ni caracteres con espaciado proporcional. Y como Windows no hizo más que copiar el Mac, es probable que ningún ordenador personal los tuviera ahora. Si nunca hubiera decidido dejarlo, no habría entrado en esa clase de caligrafía y los ordenadores personales no tendrían la maravillosa tipografía que poseen.


Por supuesto, era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en clase, pero fue muy, muy claro al mirar atrás diez años más tarde.


Lo diré otra vez: no puedes conectar los puntos hacia adelante, sólo puedes hacerlo hacia atrás. Así que tenéis que confiar en que los puntos se conectarán alguna vez en el futuro. Tienes que confiar en algo, tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea.

Esta forma de actuar nunca me ha dejado tirado, y ha marcado la diferencia en mi vida.

Mi segunda historia es sobre el amor y la pérdida.


Tuve suerte — supe pronto en mi vida qué era lo que más deseaba hacer. Woz y yo creamos Apple en la cochera de mis padres cuando tenía 20 años. Trabajamos mucho, y en diez años Apple creció de ser sólo nosotros dos a ser una compañía valorada en 2 mil millones de dólares y 4.000 empleados.


Hacía justo un año que habíamos lanzado nuestra mejor creación — el Macintosh — un año antes, y hacía poco que había cumplido los 30.

Y me despidieron.

¿Cómo te pueden echar de la empresa que tú has creado?


Bueno, mientras Apple crecía contratamos a alguien que yo creía muy capacitado para llevar la compañía junto a mí, y durante el primer año, más o menos, las cosas fueron bien. Pero luego nuestra perspectiva del futuro comenzó a ser distinta y finalmente nos apartamos completamente. Cuando eso pasó, nuestra Junta Directiva se puso de su parte.


Así que a los 30 estaba fuera. Y de forma muy notoria.


Lo que había sido el centro de toda mi vida adulta se había ido y fue devastador.


Realmente no supe qué hacer durante algunos meses. Sentía que había dado de lado a la anterior generación de emprendedores, que había soltado el testigo en el momento en que me lo pasaban. Me reuní con David Packard [de HP] y Bob Noyce [Intel], e intenté disculparme por haberlo fastidiado tanto. Fue un fracaso muy notorio, e incluso pensé en huir del valle [Silicon Valley].


Pero algo comenzó a abrirse paso en mí — aún amaba lo que hacía. El resultado de los acontecimientos en Apple no había cambiado eso ni un ápice. Había sido rechazado, pero aún estaba enamorado. Así que decidí comenzar de nuevo.


No lo vi así entonces, pero resultó ser que el que me echaran de Apple fue lo mejor que jamás me pudo haber pasado.


Había cambiado el peso del éxito por la ligereza de ser de nuevo un principiante, menos seguro de las cosas. Me liberó para entrar en uno de los periodos más creativos de mi vida. Durante los siguientes cinco años, creé una empresa llamada NeXT, otra llamada Pixar, y me enamoré de una mujer asombrosa que se convertiría después en mi esposa.


Pixar llegó a crear el primer largometraje animado por ordenador, Toy Story, y es ahora el estudio de animación más exitoso del mundo. En un notable giro de los acontecimientos, Apple compró NeXT, yo regresé a Apple y la tecnología que desarrollamos en NeXT es el corazón del actual renacimiento de Apple. Y Laurene y yo tenemos una maravillosa familia.


Estoy bastante seguro de que nada de esto habría ocurrido si no me hubieran echado de Apple. Creo que fue una medicina horrible, pero supongo que el paciente la necesitaba. A veces, la vida te da en la cabeza con un ladrillo. No perdáis la fe. Estoy convencido de que la única cosa que me mantuvo en marcha fue mi amor por lo que hacía. Tenéis que encontrar qué es lo que amáis. Y esto vale tanto para vuestro trabajo como para vuestros amantes.


El trabajo va a llenar gran parte de vuestra vida, y la única forma de estar realmente satisfecho es hacer lo que consideréis un trabajo genial. Y la única forma de tener un trabajo genial es amar lo que hagáis. Si aún no lo habéis encontrado, seguid buscando.


No os conforméis.


Como en todo lo que tiene que ver con el corazón, lo sabréis cuando lo hayáis encontrado. Y como en todas las relaciones geniales, las cosas mejoran y mejoran según pasan los años. Así que seguid buscando hasta que lo encontréis.


No os conforméis.


Mi tercera historia es sobre la muerte.


Cuando tenía 17 años, leí una cita que decía algo como: “Si vives cada día como si fuera el último, algún día tendrás razón”. Me marcó, y desde entonces, durante los últimos 33 años, cada mañana me he mirado en el espejo y me he preguntado: “Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?” Y si la respuesta era “No” durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo.


Recordar que voy a morir pronto es la herramienta más importante que haya encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones de mi vida.


Porque prácticamente todo, las expectativas de los demás, el orgullo, el miedo al ridículo o al fracaso se desvanece frente a la muerte, dejando sólo lo que es verdaderamente importante.

Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay razón para no seguir tu corazón.

Hace casi un año me diagnosticaron cáncer.


Me hicieron un chequeo a las 7:30 de la mañana, y mostraba claramente un tumor en el páncreas. Ni siquiera sabía qué era el páncreas. Los médicos me dijeron que era prácticamente seguro un tipo de cáncer incurable y que mi esperanza de vida sería de tres a seis meses. Mi médico me aconsejó que me fuese a casa y dejara zanjados mis asuntos, forma médica de decir: prepárate a morir.


Significa intentar decirle a tus hijos en unos pocos meses lo que ibas a decirles en diez años. Significa asegurarte de que todo queda atado y bien atado, para que sea tan fácil como sea posible para tu familia. Significa decir adiós.


Viví todo un día con ese diagnóstico.


Luego, a última hora de la tarde, me hicieron una biopsia, metiéndome un endoscopio por la garganta, a través del estómago y el duodeno, pincharon el páncreas con una aguja para obtener algunas células del tumor. Yo estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me dijo que cuando vio las células al microscopio el médico comenzó a llorar porque resultó ser una forma muy rara de cáncer pancreático que se puede curar con cirugía.


Me operaron, y ahora estoy bien. Esto es lo más cerca que he estado de la muerte, y espero que sea lo más cerca que esté de ella durante algunas décadas más. Habiendo vivido esto, ahora os puedo decir esto con más certeza que cuando la muerte era un concepto útil, pero puramente intelectual:


Nadie quiere morir.


Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere morir para llegar allí. Y sin embargo la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y así tiene que ser, porque la Muerte es posiblemente el mejor invento de la Vida. Es el agente de cambio de la Vida. Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo.


Ahora mismo lo nuevo sois vosotros, pero dentro de no demasiado tiempo, de forma gradual, os iréis convirtiendo en lo viejo, y seréis apartados. Siento ser tan dramático, pero es bastante cierto. Vuestro tiempo es limitado, así que no lo gastéis viviendo la vida de otro.


No os dejéis atrapar por el dogma que es vivir según los resultados del pensamiento de otros.

No dejéis que el ruido de las opiniones de los demás ahogue vuestra propia voz interior.

Y lo más importante, tened el coraje de seguir a vuestro corazón y vuestra intuición.


De algún modo ellos ya saben lo que tú realmente quieres ser.


Todo lo demás es secundario.


Cuando era joven, había una publicación asombrosa llamada The Whole Earth Catalog [Catálogo de toda la Tierra], una de las biblias de mi generación. La creó un tipo llamado Stewart Brand no lejos de aquí, en Menlo Park y la trajo a la vida con su toque poético. Eran los últimos años 60, antes de los ordenadores personales y la autoedición, así que se hacía con máquinas de escribir, tijeras, y cámaras Polaroid. Era como Google con tapas de cartulina, 35 años de que llegara Google, era idealista, y rebosaba de herramientas claras y grandes conceptos. Stewart y su equipo sacaron varios números del The Whole Earth Catalog, y cuando llegó su momento, sacaron un último número.


Fue a mediados de los 70, y yo tenía vuestra edad.




En la contraportada de su último número había una fotografía de una carretera por el campo a primera hora de la mañana, la clase de carretera en la que podrías encontrarte haciendo autoestop si sois aventureros. Bajo ella estaban las palabras: "Sigue hambriento, sigue alocado".


Era su último mensaje de despedida. Sigue hambriento. Sigue alocado.


Y siempre he deseado eso para mí. Y ahora, cuando os graduáis para comenzar de nuevo, os deseo eso a vosotros.

Seguid hambrientos. Seguid alocados.


Muchísimas gracias a todos".










STEVE JOBS

1955-2011

martes 23 de agosto de 2011

Notas intrascendentes desde una poceta

Mis 4 lectores protestan porque ahora escribo con menos frecuencia en el blog. Y eso me mortifica (no escribir). Pero en el fondo también me reconforta un poquitico que se note. Significa que alguien allá afuera está leyendo "Lexotanil y otros panas" (y eso que no tenía ninguna esperanza de que ocurriera...esto siempre ha sido más un intento terapéutico, que literario).

Pero volvamos a lo nuestro. En qué ando, que no escribo. Pues sentada en una oficina, negociando contratos, subiendo y bajando escaleras en unos tacones imposibles, asistiendo a reuniones de duración infinita. En fin, siendo abogada. Es una vida intensa, créanme. Y de vez en cuando inspira una claustrofobia leve.

Entonces, cuando por fin gano la calle en algún momento del día, las imágenes del mundo me deslumbran. Incluso las más sencillas. Soy como un venado que a la medianoche es súbitamente asaltado por las luces de un carro en marcha. Todo me parece digno de narrar. Quizás sean cuestiones sin importancia, pero que si uno pasa horas entre cuatro paredes, las cree formidables.

Por ejemplo, últimamente me llama la atención que todo baño de oficina, arepera o clínica al que uno entre tenga un cartel dando instrucciones de cómo conducirse en el retrete. Qué manía la de la gente que administra o limpia estos recintos, de pegar un papel con letras grandes y frases ofensivas como "No sea cochina, bote los papeles en el cesto de la basura". O apelando a la solidaridad con el prójimo con el lema de "Tenga consideración; a nadie le gusta limpiar el desastre que dejan otros". Siempre hay una instrucción, un mandato o una amenaza implícita en estos carteles. ¡Como si nadie fuese capaz de usar un baño correctamente y sin que lo regañen por escrito! ¿O serán sólo los baños de damas los que tienen literatura en las paredes? ¿Quizás no seamos tan señoras, después de todo, y menos cuando no nos están viendo?.


Otra imagen, mucho más bonita, que logré almacenar en mis andanzas fuera de la oficina fue la de dos hombres almorzando.  Al menos un par de veces a la semana trato de comer al mediodía en un modesto local de comida vegetariana. Es baratísimo y saludable, pero el mejor aspecto de la experiencia es que me permite observar gente muy curiosa, mientras almuerzo. Mis habitués favoritos son 3 señores con aspecto de caza-ovnis, que tienen conversaciones sobre metafísica mientras devoran vegetales. Y ya varias veces me había fijado en un señor de unos 60 años, con traje de mecánico, que se sienta a almorzar embadurnado de grasa de pie a cabeza. Debe trabajar en un taller de autos de la zona: allí abundan.

Hace pocas semanas noté que el mecánico almorzaba en la misma mesa con un muchacho de unos 30 años. El hombre, cubierto de grasa como siempre, con pocos modales en la mesa y gesticulando mucho mientras comía. El muchacho muy apuesto, con perfil de soldado romano, y vestido de manera impecable: Una camisa manga larga a rayas, tirantes, unos pantalones oscuros, zapatos lustrosos. Los dos absortos en una animada conversación. Como ese es un sitio popular y a uno se le sienta cualquier extraño en la mesa que ya ocupa, pensé que no se conocían. Creí que la tertulia era una accidente propio de la mesa compartida a la fuerza. Pero cuando ambos se levantaron, el muchacho tomó un casco de moto que estaba en el piso y se despidió de aquel hombre cubierto de grasa con un beso en la mejilla. Sólo entonces descubrí debajo de capas de aceite de carro a un padre que, a fuerza de cambiar bujías, le regaló un mejor porvenir a su hijo.

A veces extraño el sol de la tarde...entonces me escapo a una panadería que está muy cerca de mi oficina y me como un helado.

miércoles 3 de agosto de 2011

La rebelión de los náufragos

La semana pasada el club de lectura al cual pertenezco tuvo la suerte de compartir con dos invitados excepcionales, durante la discusión de "La Rebelión de los Náufragos", por Mirtha Rivero. Nos acompañaron en la ocasión Eduardo Fernández, político venezolano destacado y ex candidato a la Presidencia de la República, y Fernando Martínez Mottola, ex ministro y ex presidente de la CANTV, durante el gobierno de CAP II (además de buen amigo de mi casa).

Durante la reunión se abrió un debate interesantísimo, que tocó las posibles causas de la muerte política de Carlos Andrés Pérez durante su segundo gobierno y del revés que sufrió al intentar venderle al país su paquete económico. El libro de la periodista Rivero recoge varias tesis en ese sentido: Falta de alineación entre el ex Presidente Pérez y Acción Democrática, al supuestamente intentar un gobierno a espaldas de su partido. Errores en la comunicación de un mensaje adecuado al país, por parte del tren ejecutivo que adelantaba las reformas económicas. Y Martínez Mottola añade una variable que suena plausible: La medicina que había que tragarse lucía demasiado amarga, pues la mayor parte del país desconocía la verdadera dimensión de la crisis económica que se avecinaba. Entonces, era como sugerir una operación de corazón abierto por una simple taquicardia.  

Más allá del juicio político a Carlos Andrés Pérez, que queriéndolo o no, también se llevó por delante la democracia y constituyó el inicio de la debacle que hoy vivimos en lo institucional, quisiera compartir con los pocos lectores que me quedan la reflexión de Eduardo Fernández sobre la verdadera causa de nuestras miserias.
Decir que es Chávez es tan tentador, como simplista. Porque un día, más pronto que tarde, dejará el poder y seguiremos teniendo los mismos problemas de siempre, sólo que llevados a su máxima expresión.
Y es que el origen de la desgracia venezolana está en la mentalidad de sus ciudadanos, de todos nosotros. Y ello parte del modelo rentista petrolero que nos permite vivir tan sólo de lo que está debajo de la tierra, sin tener que producir un bien o prestar un servicio, así sea de forma mediocre.
¿Qué le vamos a ofrecer a la masa votante en el 2012? ¿Las mismas casas que no les han construido en tantos años? ¿Cómo le cambiamos el chip a una gente que pasó de no tener nada, a tener poquitico, y los convencemos de que vale la pena esforzarse, competir, progresar?.
El que sustituya a Chávez en la Presidencia de la República de este noble país tendrá, entre otras, la titánica tarea de convencernos a los venezolanos de cambiar. Primero tendremos que transformarnos como ciudadanos (como dijo Fernández, mantener al Estado con nuestro duro trabajo, en vez de esperar que el Estado nos mantenga a nosotros) para luego hacer mutar a esta Venezuela, adolorida e incapaz, en el país que queremos.
Que así sea.

sábado 2 de julio de 2011

Chávez padece una enfermedad. Venezuela también.

El Presidente Chávez le habló al mundo esta semana desde Cuba para confirmar un secreto a voces: Que tiene cáncer.

No fue el Chávez de siempre, sino uno sensiblemente más delgado, quien, con una voz carrasposa y que parecía prestada, por primera vez en 12 años leyó un discurso en vez de pronunciarlo como de costumbre, a fuerza de barinesa improvisación.  

Y por supuesto, eso ha dado mucha tela que twittear. Nunca falta el que olvida tratar al adversario con respeto, confundiendo al oponente con el enemigo. (Lástima que haya sido el mismo Presidente quien precisamente haya impulsado esa forma de hacer política en Venezuela). De allí que en la red se puedan leer en estos días comentarios que están fuera de orden, y con los que nadie debería comulgar. Todos hemos perdido seres queridos a causa del cáncer. El Sr. Chávez es un ser humano, además de ser el Presidente de este país. Y su situación de salud merece consideración. Punto.

Pero más allá de este hecho, no podemos perder de vista que Venezuela está padeciendo también su propio cáncer. Un país donde se mueren los detenidos en los calabozos del CICPC antes de ser procesados, y luego de ser condenados se mueren en cárceles como El Rodeo. Una nación con la segunda tasa de homicidios más alta del mundo y una voraz inflación, también primera finalista en el concurso de los descalabros económicos globales. Un país desabastecido y que enfrenta una injustificable crisis eléctrica que nos mantiene en penumbra. Un Estado  que suena en boca de múltiples organizaciones internacionales como pisoteador de derechos humanos. En fin, un país que en términos generales va desde hace tiempo en retroceso por el canal de 80 de la autopista, es un enfermo terminal.

Como seres humanos de bien, como venezolanos, como personas religiosas, y como gente políticamente madura lo único que podemos desearle al Sr. Chávez es su recuperación. Necesitamos que se cure y que venga a darle la cara a los problemas del país. Necesitamos que solucione tantas materias pendientes que ahora han quedado a la deriva, en un gobierno más acéfalo que nunca. Requerimos con urgencia que gobierne desde Miraflores (no desde La Habana) y para todos los venezolanos: Los que le apoyan y los que le adversan.

Muy bueno que el Presidente esté recibiendo un tratamiento médico adecuado para su dolencia. Venezuela necesita lo mismo.









Imagen del blog del caricaturista cubano Gustavo Rodríguez (http://garrix.blogspot.com/)